He comprobado que estar todo el día sentado o tumbado conlleva no querer dejar de estar sentado o tumbado.
Que cualquier movimiento que te saque de ahí, que conlleve dejar de estar por un segundo sentado o tumbado, es percibido como una tortura o un castigo inexplicable, inmerecido, irracional, incomprensible, pero sobre todo: incómodo de narices.
Lloriqueamos por el día en que se invente, y se comercialice, el teletransportador de moléculas que nos desplace hasta el baño sin sacarnos ni un suspiro.
Por tener los superpoderes necesarios para acercar la nevera al sofá con un si
mple pensamiento y que no le falte eso que nos está apeteciendo.Porque el teléfono se vuelva tan inteligente como la raza humana y sepa contestarse sólo de manera coherente como lo haría una teleoperadora del servicio de atención al cliente - o incluso mejor -.
Por ser temporalmente sordos e incapacidos para responder a los gritos de colaboración que, desde otra habitación, alguien nos hace para que vayamos, ni aunque el problema fuera un "mayday" en toda regla.
En fin: para que nada ni nadie pertubara la paz que nos da el sufrido síndrome del deseado movimiento cero...
Sufrimos.
(El síndrome del movimiento cero es una cuestión que merece un segundo de mi atención, análisis y reflexión cabilante.
Creo que, desde este instante en el que se me acaba de ocurrir esta estupidez supina, debería registrarlo para que, en el futuro, ningún psicólogo, psicoanalista o antropólogo me lo robe y crea que la obra de creación de la concatenación de estos términos es suya...insensato él)
Ayer no escribí, y creo que está claro el porque. Sufrí el síndrome del deseado movimiento cero.
Y cómo se sufre al saber que antes o después tendrás que cambiar tu posición corporal y dejar de estar sentado o tumbado.
Como un niño que excusa su pereza o falta de responsabilidad aludiendo que fue el perro, quién de manera descortés y en un ataque de locura, se comió sus elaborados deberes, yo excusaré la mía aludiendo a un síndrome patológico de moderno descubrimiento, de patente aún pendiente, para disculparme sutilmente ante tí que usas tu tiempo en leerme.
Hace hoy cuatro días que no fumo y podría decir que ya no recuerdo cómo era capaz de fumar cuando sentía los síntomas del mencionado (y ya hasta la saciedad) síndrome inventado - totalmente sobre la marcha -. Claramente, debía de tener superpoderes.

